La periodista cántabra Montserrat Ferreras se ha estrenado en el mundo literario con la novela 'Un camino de ida y vuelta'. EFE/Celia Agüero Pereda

Montse Ferreras debuta en la novela con un viaje literario a la identidad y los orígenes

Celia Agüero Pereda | Santander (EFE).- La periodista cántabra Montserrat Ferreras explora la construcción de la identidad, el peso de los orígenes y el desarraigo en ‘Un camino de ida y vuelta’, una novela de aprendizaje con la que debuta en la ficción y en la que vuelca una profunda reflexión vital y existencial.

Ferreras explica, en una entrevista con EFE, que la decisión de contar la historia de la protagonista de su novela, la periodista Eleonora Zamel, desde una transformación vital responde a dos obsesiones personales a la hora de escribir: la autenticidad y la identificación del lector.

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«No solo como forma de escritura, evitando tópicos o lugares comunes, sino buscando que el lector tenga ese momento eureka de decir: ‘Esto me ha pasado a mí'», resumen.

Para la autora, esa autenticidad solo puede lograrse desde la experiencia propia, desde haber sido testigo de determinadas situaciones o desde la capacidad de empatizar profundamente con el otro.

Autenticidad y voz propia

La escritora reconoce la influencia de ‘Nada’, de Carmen Laforet, una obra que admira especialmente por su voz femenina y por ese territorio intermedio entre la ficción y la experiencia vital.

«Sin ser una autobiografía, Laforet roza muchas veces sus propias vivencias, y de alguna manera esta novela va por esa senda», apunta Ferreras.

En su caso, esa búsqueda de autenticidad se apoya también en una forma de escritura muy trabajada ya que le gusta la elegancia de la sencillez, o la sencillez elegante, y, en su opinión, eso se consigue puliendo mucho el texto.

‘Un camino de ida y vuelta’ atraviesa cuestiones como la infancia, la amistad, la sexualidad, la ambición o la violencia, unos ámbitos en los que Ferreras asegura haber sido «muy honesta», aunque admite que algunos pasajes resultaron especialmente delicados desde el punto de vista emocional.

Ferreras destaca que la estructura de la novela funciona como un caleidoscopio narrativo, con avances y retrocesos temporales que permiten al lector reconstruir el pasado, el presente y el futuro de la protagonista a través de distintos espacios y vivencias.

Periodismo, ambición y desarraigo

Ese recorrido vital se articula, en buena medida, entre dos escenarios antagónicos que son la aldea y Nueva York, simbolizando esa salida del entorno rural la ambición juvenil, el deseo de prosperar y llegar lejos, pero también conduce a un replanteamiento existencial.

«El periodismo es una guerra de vanidades en muchos momentos», señala Ferreras, quien define el periodismo como una profesión apasionante y necesaria, pero que también tiene una vertiente oscura marcada por la competitividad, la ambición desmedida y situaciones que ha conocido de primera mano, ya que ha ejercido de periodista durante 15 años, aunque ahora es profesora de lengua y literatura.

La ficción, explica, le ha permitido algo que el periodismo no le ofrecía: la posibilidad de encontrar su propia voz, ya que el periodismo tiene límites muy claros como son la objetividad, la concisión y la claridad.

«La literatura, en cambio, te permite buscar tu voz, y eso es maravilloso para alguien al que le gusta escribir», añade.