Santiago de Compostela (EFE).- Un estudio sobre el sueño en peces cebra ha logrado identificar un circuito cerebral hasta ahora desconocido que actúa como «botón biológico», un mecanismo susceptible de abrir vías para tratar el insomnio en seres humanos, ha informado este miércoles el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
La investigación, publicada por la revista científica «Current Biology» y en la que participaron científicos de varios países, incluido del Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC, analizó la actividad de un grupo de neuronas del hipotálamo en larvas de peces cebra, una especie utilizada por científicos en el ámbito de la biomedicina por compartir similitudes con el cerebro humano.
En dicho análisis, los investigadores identificaron nuevas neuronas que expresan los genes Qrfp y Pth4 como promotoras del sueño en los peces, señala el CSIC en un comunicado.
El neuropéptido Pth4 es responsable de activar el mecanismo de promoción del sueño mediante un doble sistema, que incluye la inhibición de las neuronas que impulsan la vigilia y la potenciación de las que favorecen el descanso, precisa el CSIC.
Técnicas de edición genética
Los investigadores recurrieron a técnicas de edición genética para examinar peces cebra que carecían del neuropéptido Qrfp o Pth4, con el objetivo de determinar los efectos de cada uno de ellos en el sueño.
El estudio constató que esas neuronas «no actúan de manera aislada» sino que «se comunican con otras regiones profundas del cerebro mediante neurotransmisores como noradrenalina y serotonina, lo que permite que el cerebro transite de forma progresiva de la vigilia al sueño, en un proceso mucho más dinámico y coordinado de lo que se pensaba», según el investigador del CSIC Josep Rotllant.
Además, observaron que esas neuronas se activan especialmente cuando el pez permanece despierto largos periodos de tiempo, formando parte del sistema que mide la necesidad acumulada de descanso -puntualiza el CSIC-, un mecanismo que garantiza la transición al sueño en momentos críticos, protegiendo funciones vitales de memoria, reparación celular y regulación energética.
Rotllant advierte de que si bien «los humanos no poseen exactamente la misma molécula» que esos peces, ese sistema podría mostrar «un sistema evolutivo antiguo, compartido entre distintas especies» capaz de «ahorrar energía y mantener el equilibrio del organismo».
En ese sentido, comprender el funcionamiento de ese mecanismo «podría abrir nuevas vías para tratar el insomnio y otros trastornos del sueño» en humanos, según el investigador.