Alfredo Valenzuela I
Sevilla, (EFE).- Biógrafo de Valle-Inclán y catedrático de Literatura de Universidad, Manuel Alberca considera el género pictórico del autorretrato «algo fascinante» porque, en ellos, «además de representarse, los pintores interrogaban al espectador» por lo que «desde varios puntos de vista, el autorretrato se presenta como un enigma».
En su ensayo «Mírame» (Confluencias), el ensayista ha asegurado en una entrevista con EFE haber tratado de «desvelar» ese enigma:
«Los autorretratos ejercen en el espectador una seducción, que surge de la intensidad de la mirada, los ojos del pintor, que se mira en el espejo, se proyectan en el cuadro y salen del cuadro para encontrarse con nuestra mirada», y «en ese intercambio de miradas, quedamos atrapados, seducidos; se establece un juego de miradas único que no se produce, ni en los mejores retratos».
A la pregunta de si puede existir autorretrato sin psicología, ha respondido que «en los autorretratos de los mejores pintores hay casi siempre una búsqueda de sí mismo, una reflexión introspectiva, por la que el pintor intenta contestar la eterna pregunta siempre pendiente de ser contestada: ¿Quién soy yo? ¿Cómo soy? Pero también hay una interrogación lanzada al espectador: ¿Cómo crees que soy, cómo me ves?»
De Rembrandt a Frida Kahlo
Y sobre la cuestión de por qué unos pintores se autorretratan más que otros ha asegurado que es algo que no responde a una sola razón, ya que «hay pintores introspectivos como Rembrandt o Munch que necesitan ponerse en cuestión a sí mismos y observarse de manera seriada y continua para conocerse y saber en qué estado se encuentran».
Sin embargo, «Frida Kahlo necesita mostrar de manera reiterada sus heridas físicas y morales, porque encuentra en los autorretratos una catarsis del sufrimiento; Picasso, en cambio, experimenta y abre nuevos caminos creativos para su pintura a través del autorretrato».
Y ha añadido una curiosa circunstancia técnica: «Tampoco debe olvidarse que el autorretrato ha sido tradicionalmente usado como la forma más accesible y económica para aprender a pintar del natural; se ahorraba tiempo y dinero al prescindir de modelos… Además, cuando el pintor se convertía en un artista de éxito sabía que el fetichismo de los aficionados le aseguraba una venta segura y rentable de sus autorretratos».
Y a la cuestión de si el autorretrato sin parecido físico se supone menos autorretrato ha contestado: «No lo creo. La carga de la prueba en los autorretratos de Picasso no cae sobre el parecido físico, sino sobre su figura como creador. Su afán innovador y experimental lo aplicó también a este género pictórico. Coincidiendo con el cambio que va a experimentar su pintura en la etapa cubista renovó el autorretrato al renunciar a la semejanza».
De ese modo, ha añadido Alberca, «cuando vemos un autorretrato de Picasso no vemos a Picasso, sino un “picasso”.
Lección de vida
Sobre este género pictórico ha añadido que «los autorretratos más logrados, los que llegan a tocarnos la fibra más sensible, encierran una verdadera lección de vida; en sus últimos autorretratos Rembrandt se pintó viejo, arrugado y desdentado, pero con una sonrisa en la cara, en expresión de aquiescencia con la vida miserable que le han deparado sus años finales».
De ese modo, ha añadido sobre los autorretratos de Rembrandt, «nos imparte su última lección, que no es ya artística, sino moral sobre todo: ‘Miradme y aprended, esto es también la vida’. Los autorretratos que me fascinan son aquellos en los que, además de descubrir a su autor o uno de sus perfiles identitarios, puedo identificarme yo mismo de manera oblicua».
Sobre la relación entre autobiografía autorretrato, ha concluido: «Al tratarse de lenguajes diferentes, no creo que se pueda hablar de que unos son más veraces que otros. En el arte no existe la objetividad. Hay una puesta en escena evidente en los magníficos autorretratos de Courbert. El autorretrato es la visión de uno mismo aquí y ahora, en un instante determinado. La sucesión de autorretratos de Rembrandt o de Munch constituyen en su conjunto una suerte de autobiografía. O Frida Kahlo, que contó su vida en sus menores detalles a través de sus cuadros y dibujos. EFE