València (EFE).- El escultor Miquel Navarro, uno de los referentes más importantes del arte contemporáneo español y de la conocida como Nueva Escultura Española, ha fallecido a los 81 años de edad.
Un artista universal que convirtió sus raíces en un legado para el mundo, según ha asegurado el Ayuntamiento de Mislata (Valencia), donde nació y vivía.

En un comunicado en redes sociales, el consistorio ha lamentado la muerte de Miquel Navarro, referente cultural del municipio y figura clave en la creación de la casa-taller que lleva su nombre y en el legado artístico que permanecerá siempre en Mislata.
Condolencias
El Ayuntamiento, que ha decretado tres días de luto oficial en el municipio y las banderas ondearán a media asta, destaca su obra, su compromiso con el arte y su vinculación con Mislata, que dejan «una huella imborrable en nuestra ciudad, y en la cultura valenciana», y traslada su pésame a su familia, amigos y todas las personas que compartieron su trayectoria, su vida y su pasión por el arte.
El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, y la ministra de Ciencia, Innovació y Universidades, Diana Morant, han expresado sus condolencias por la muerte de Miquel Navarro.
Pérez Llorca ha destacado la trayectoria de Navarro, marcada por una mirada singular y una capacidad única para transformar el metal, la tierra y el espacio en expresión artística, un artista que ha proyectado el talento de la Comunitat Valenciana «más allá de nuestras fronteras», ha dicho en un mensaje en redes sociales.
También la ministra Diana Morant ha agradecido a un «artista irrepetible» su obra «y todo lo que nos dejas», y ha recordado que tuvo la suerte de compartir un rato con el artista este verano en Mislata. «Hoy, te recordaré con estima. Un abrazo a la familia y a las personas que te querían», ha manifestado.
Representa la ciudad como paisaje escultórico
Miquel Navarro, escultor, pintor y grabador español nacido en Mislata en 1945, se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia y comenzó su trayectoria artística como pintor, aunque desde 1972 se dedicó casi por completo a la escultura.
Su obra se caracteriza por la representación de la ciudad como paisaje escultórico, con un lenguaje que une escultura y arquitectura. Desde los años setenta desarrolló instalaciones y conjuntos de pequeños elementos que evocan paisajes urbanos, y más tarde realizó también esculturas monumentales en espacios públicos.
En 1968 participó en la exposición colectiva “Nuestro yo”, en Valencia. Su primera exposición individual llegó en 1972, en la Galería Tassili de Oviedo, año en el que realizó una pieza experimental conocida como “El volcán chimenea”, hecha con material refractario, arena suelta e incienso.
A partir de 1973 desarrolló una de las líneas esenciales de toda su carrera: sus “ciudades”, conjuntos escultóricos que convierten el espacio en una metáfora urbana. Desde 1974 centró su obra en paisajes escultóricos, instalaciones y montajes de pequeños elementos variables que evocan paisajes urbanos y desdibujan los límites entre escultura y arquitectura. En esas composiciones utilizó materiales como barro, plomo, zinc, aluminio, terracota, vidrio, piedra, yeso y madera.
Su reconocimiento internacional se vio impulsado por su participación en 1980 en la muestra “Images from Spain” del Guggenheim Museum de Nueva York. En la década de los ochenta sus conjuntos miniaturizados evolucionaron hacia obras monumentales, tanto en salas como en espacios públicos.
En 1984 instaló en Valencia la escultura popularmente conocida como “La pantera rosa”, y en 1989 presentó en el Palacio de Cristal de Madrid “Minerva paranoica”, una gran figura en hierro fundido. También desarrolló esculturas públicas como “Torre del sonido”, en la Universidad Carlos III de Madrid; “Fraternitat”, en Barcelona; “Boca de luna”, en Bruselas; y “El parotet”, en Valencia.

Entre sus reconocimientos figuran el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1986, el Premio Alfons Roig en 1987, el Premio CEOE de las Artes en 1990, el Premio Nacional de la Asociación de Críticos de Arte ARCO en 1995, la Distinción al Mérito Cultural de la Generalitat Valenciana en 2002 y el Premio Internacional Julio González en 2008. Ese mismo año fue elegido miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la que ingresó en 2009.
Su obra pasó a formar parte de museos y colecciones de primer nivel, entre ellos el Guggenheim de Nueva York y Bilbao, el Museo Reina Sofía, el Centre Pompidou de París, la Fundación Lambert de Bruselas y el IVAM. En 2005 donó al IVAM más de 500 obras y cuadernos de artista que reflejaban su evolución creativa desde 1964.
En una entrevista a EFE en 2022, el artista valenciano se definía como «un poco neurótico y paranoico» pero creía que el arte funciona como terapia, decía ser aficionado a la cocina, prefería la montaña y la huerta a la playa y confesó que le habría gustado ser farmacéutico.
En ella, relató que su interés por la escultura venía de los juegos de infancia, ya que vivía en un sitio donde había una acequia y barro, y él cogía el barro y lo modelaba. «Siempre me ha interesado más lo tridimensional que lo bidimensional, y aquello de tocar para saber y conocer», aseguró.









