Oviedo (EFE).- El ministro de Agricultura de Noruega, Nils Kristen Sandtrøen, ha reivindicado este jueves a todas las generaciones de agricultores «que han estado cuidando de las semillas durante miles de años», a las que ha hecho partícipes del Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional de este año, que será entregado mañana viernes a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard.
Sandtrøen ha compartido una rueda de prensa en Oviedo con los directores ejecutivos de las organizaciones gestoras del proyecto NordGen y Crop Trust, Lene Krøl Andersen y Stefan Schmitz respectivamente, en calidad de representantes del depósito, que desde 2008 pretende conservar duplicados de respaldo de todos los bancos de semillas del mundo en el archipiélago noruego de Svlabard.
Schmitz ha definido el depósito como «una herencia global» que permite mantener las especificidades genéticas de los cultivos silvestres que han sobrevivido en la naturaleza durante millones de años y que pueden ser útiles a la hora de afrontar el cambio climático, la pérdida de la calidad nutritiva en los cultivos derivada de la sequía y otros eventos futuros que aún no se pueden prever.
La conservación del «saber hacer»
Además, ha resaltado que el proyecto va más allá de «la conservación biológica» porque incluye la conservación del «saber hacer» de los conocimientos y la cultura agrícola y ha pedido no olvidar a «todas aquellas comunidades indígenas y agricultores que han conservado sus semillas».
En este sentido, les ha instado a enviar ejemplares de respaldo a la Bóveda de Svalbard y a participar en cultivos ‘in situ’ que permitan que el depósito no sea un «silo aislado», sino que tenga «su propia línea de comunicación con los agricultores».

Sobre este punto, Sandtrøen ha añadido que el proyecto también tiene en cuenta la importancia patrimonial de determinados cultivos, como puede ser la aceituna en el caso de las poblaciones mediterráneas. Un «ejemplo práctico» de cooperación.
En opinión del ministro noruego, la Bóveda de Svalbard es «un ejemplo práctico de responsabilidad e intereses compartidos» en el que participan países que «no cooperan» entre sí «en otros campos políticos».
Sobre la utilidad de las semillas de respaldo, Andersen ha explicado que todos los ejemplares que se depositan en la Bóveda son propiedad del banco que las deposita, que las puede retirar en cualquier momento, como fue el caso de Siria, cuyo banco de semillas nacional fue destruido por la guerra que se libró en este país entre 2011 y 2024 y que pudo restablecer sus ejemplares gracias a las muestras guardadas en el depósito.
Por ello, Schmitz ha instado a los cerca de 800 bancos de semillas que existen en el mundo a enviar sus duplicados a Svalbard -como ya han hecho 135 de ellos- y ha recordado que su organización, Crop Trust, es la encargada de ayudar a los bancos de los países en vías de desarrollo a obtener duplicados que puedan trasladar a Noruega.

Además, a preguntas de los periodistas, los tres representantes del proyecto se han mostrado poco preocupados por posibles ataques a las instalaciones y han resaltado que «cualquier ataque contra la Bóveda Global de Semillas sería un ataque contra toda la humanidad» contraproducente para el agresor.
En cuanto al posible impacto del cambio climático sobre el archipiélago de Svalbard, Schmitz ha aclarado que el depósito «está protegida contra el cambio climático» gracias a su posicionamiento a cien metros sobre el nivel del mar y a la presencia de permafrost en el interior de la montaña en la que se alberga el depósito, que ofrece una alternativa temporal para la conservación de las semillas ante fallos del suministro eléctrico.










