Granada, (EFE).- El ganador del Premio Nacional de Historia Miguel Ángel Del Arco (Granada, 1978) sostiene que el hambre no es siempre consecuencia de la falta de alimentos, sino que también puede ser una herramienta política y un arma de guerra, algo que observa, por ejemplo, en la guerra en Gaza.
Según explica el catedrático en Historia en una entrevista con EFE, la Tierra tiene capacidad para alimentar a más de 12.000 millones de personas y la población actual es de algo más de 8.000 millones, por lo que las causas del hambre responden, a su juicio, a factores como la crisis ecológica, la subida de los carburantes y los conflictos bélicos.
«La guerra de Irán es un ejemplo perfecto de que, aunque no va a afectar a la clase media americana más allá de su malestar, para otros seres humanos supone morir de hambre por el aumento del precio de los combustibles», comenta antes de recordar que usar el hambre como táctica de guerra se considera un crimen de lesa humanidad desde 1977.
Del Arco llama la atención además sobre la invisibilidad de este tipo de víctimas frente al impacto mediático de los ataques directos.
Así, afirma que, aunque sí se informa sobre que en Gaza han fallecido cerca de 70.000 personas por los bombardeos, no se conoce tanto que se estima que 80.000 han muerto de hambre.
«Esa gente muere sola y a veces de inanición, sin que nadie se entere, escondida en una cama porque no se puede mover», ha lamentado el profesor de la Universidad de Granada.
El mito franquista de la posguerra
Ese mecanismo de utilizar el hambre como manera de controlar a la población protagoniza «La hambruna española», libro en el que Del Arco desmonta el mito franquista de la «pertinaz sequía» y los «años de escasez» y demuestra que España sufrió una hambruna entre 1939 y 1952 provocada por las decisiones políticas y económicas de la dictadura de Franco.
En esta obra, que le ha llevado a ganar el Premio Nacional de Historia 2026, Del Arco recuerda que esta hambruna causó la muerte de más de 200.000 personas.
«Muchos se tragaron el mito de Franco por el cual todo era consecuencia de la guerra, pero todas las posguerras no son así. La Segunda Guerra Mundial fue una guerra brutal y en Europa occidental no hubo hambruna», expone.
A su juicio, la causa determinante en España fue la política autárquica e intervencionista decretada por la dictadura, que eliminó el mercado libre, favoreció el negro, aumentó desorbitadamente los precios y centralizó la distribución de los alimentos en manos de los franquistas, que fueron los beneficiados.
El hambre, cuenta, desmovilizó a la sociedad de forma forzosa. «Si tienes hambre, te centras en sobrevivir y te olvidas de acampar en Sol, llevándolo al presente», asevera Del Arco, quien apunta que, a pesar de la grave situación de los años 40, la hambruna no permitió una oposición capaz de derribar al régimen, sino que contribuyó a su estabilidad.
Similitudes actuales con el período entreguerras
Del Arco rechaza la idea de que la historia se repita de forma cíclica y defiende la capacidad de cambio y la libertad de los seres humanos.
No obstante, preguntado por la época histórica a la que le recuerda la situación actual de España y del resto del mundo, advierte de ciertos paralelismos con el periodo de entreguerras.
«La democracia está siendo cada vez más cuestionada, la propaganda, la polarización, el hecho de que la emoción y el sentimiento de identidad o la ideología estén por encima del conocimiento y de los derechos humanos suenan muchísimo a la época de entreguerras», indica.
En este contexto, y ante elecciones como las del 29N, defiende la importancia de estudiar el pasado para valorar los avances alcanzados. La historia, ha señalado, permite conocer tanto cómo se construye la democracia como los procesos que pueden destruirla.
«No somos conscientes en nuestras sociedades opulentas del valor que tiene la democracia», ha advertido Del Arco, quien ha recordado que el progreso no es continuo y que los avances pueden experimentar retrocesos. EFE







