Valladolid (EFE).- El historiador Enrique Berzal acaba de publicar ‘Villalar. Medio siglo de celebración comunera’, en el que descifra cómo ha ido variando la reivindicativa fiesta que cada 23 de abril convoca en su campa el municipio vallisoletano de Villalar de los Comuneros y su particular forma de «plantar cara a los abusos de poder», los históricos y los actuales.
En una entrevista con EFE, con motivo de la publicación de esta obra de la editorial Páramo, Berzal ha analizado lo que se conoce como el «espíritu comunero», que no es más que recordar aquellos valores que hace más de cinco siglos, en 1521, llevaron a Bravo, Padilla y Maldonado, entre otros hombres y mujeres, a levantarse para defender los intereses «del común».

La batalla de Villalar de los Comuneros como referente de la libertad y las ansias de autonomía política fue el motor para que unas 350 personas unieran sus voces en abril de 1976, hace ahora cincuenta años, y desafiaran al poder en plena Transición política española para reivindicar, por este orden: libertad, amnistía y Estatuto de Autonomía.
Reconoce Berzal que en ocasiones llama la atención que Castilla y León haya optado por situar el día festivo autonómico en una fecha que recuerda una derrota en una batalla, pero puntualiza que en realidad se conmemora el surgimiento de unos valores de progreso que operaron en las revueltas comuneras para conseguir una mayor participación política y actuar frente a los «abusos del poder».
Esa recuperación del llamado «espíritu comunero» no es otra cosa, en palabras del historiador, que tratar de recuperar «lo que podía tener de avanzado» el movimiento que unió a Bravo, Padilla y Maldonado y que tenía plena vigencia en un momento como la Transición, donde se unieron la reivindicación regionalista, de la libertad y de la democracia.
Conexión con la actualidad
Aunque reconoce que como historiador siente cierta «alergia» a vincular acontecimientos históricos de hace siglos con hechos actuales o recientes, Berzal ha reconocido que estos valores comuneros de «plantar cara a los abusos de poder» y defender «los intereses del común» tienen algo de vigencia en estos tiempos.
En este sentido, el historiador ha asumido que a nivel mundial hay en la actualidad «movimientos y corrientes de opinión que van en contra de los valores democráticos».
En el caso de Castilla y León, cuando en 1986 la Junta institucionaliza y vincula la fiesta de Villalar con el Día de la Autonomía, «no busca una división o una separación», no ser «diferentes ni más que los demás», sino reivindicar un movimiento de participación política que defienda las libertades de todos y el resurgir de un territorio como la actual Castilla y León.
Vaivenes en Villalar
En estos cincuenta años la fiesta de Villalar «ha sufrido muchos vaivenes e intentos de deslegitimarla o debilitarla», explica Berzal, quien sin embargo valora que pese a todos los problemas en 2025 hubo en el municipio vallisoletano unas 25.000 personas que dan cuenta de que persiste un «pulso popular muy fuerte» en torno a esta conmemoración.

Berzal ha lamentado las «trabas políticas» que ha tenido que sortear la fiesta de Villalar, en la que confluyen distintas maneras de acudir a la campa, con variables entre las que destaca la reivindicativa, pero que convive con la lúdica y familiar.
En la campa conviven «miles de personas que van con pancartas contra los recortes, por la sanidad pública, contra el cierre de empresas y a la vez miles de personas que van a compartir un espacio lúdico, visitar casetas…», ha recordado Berzal.
El historiador ha destacado el papel jugado en los últimos años por el alcalde de Villalar, Luis Alonso Laguna, para mantener el pulso hacia el «ataque político» que observa por parte de las Cortes de Castilla y León en los últimos años, en referencia a la retirada de financiación y a la organización de actos paralelos.
«No ha dejado que muriese», ha subrayado Berzal sobre el regidor, con la ayuda económica de la Junta de Castilla y León.
Del recelo de Aznar a la vuelta de Herrera
Pero estos problemas no son nuevos, y la «primera gran dificultad» que atravesó Villalar tuvo origen en un «episodio de violencia» ocurrido en la edición de 1987, lo que llevó al primer gobierno autonómico presidido por José María Aznar (Alianza Popular), para «separar la fiesta oficial de Castilla y León de la fiesta en la campa».
Este paso fue posteriormente desandado por Juan Vicente Herrera (PP), quien volvió a dar pulso institucional a la fiesta para que fuera «la de todos».
El texto de Berzal, basado en las crónicas periodísticas sobre este medio siglo, está completado por catorce testimonios de personas que siguen siendo fieles a la celebración de Villalar cada 23 de abril y con unas sesenta fotografías de destacados momentos de estos años. EFE








