Restauradores dan las últimas pinceladas a la colección de telones de finales del siglo XVIII de la Real Casa del Labrador, en Aranjuez
Restauradores dan las últimas pinceladas a la colección de telones de finales del siglo XVIII de la Real Casa del Labrador, en Aranjuez. EFE/ Fernando Villar

Ultiman la restauración de 47 telones de la Real Casa del Labrador, en Aranjuez (Madrid)

Aranjuez (Madrid (EFE).- Sentados en el suelo o encaramados a andamios, una decena de restauradores dan las últimas pinceladas a la colección de telones de finales del siglo XVIII que volverán a decorar las paredes de varias estancias en la Real Casa del Labrador, en Aranjuez, tras 70 años apilados en un almacén con graves daños por varias crecidas del Tajo.

Los telones, 47 grandes lienzos de lino pintados al temple con escenas de jardines, vistas reales y arquitecturas falsas, están ya colocados cubriendo paredes y techos de la ‘casita’ de Carlos IV tras ser primorosamente restaurados.

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El resultado de casi dos años de trabajo minucioso abrirá al público el próximo otoño y «va a sorprender hasta a los vecinos de Aranjuez, que nunca los habían visto instalados», dice con orgullo Javier Jordán, el conservador del Real Sitio de Aranjuez.

Restauradores dan las últimas pinceladas a la colección de telones de finales del siglo XVIII de la Real Casa del Labrador, en Aranjuez.
Restauradores dan las últimas pinceladas a la colección de telones de finales del siglo XVIII de la Real Casa del Labrador, en Aranjuez. EFE/ Fernando Villar

Jordán ha acompañado a EFE en un paseo por las salas nunca vistas desde que en 1958 una invasión de termitas hizo peligrar la integridad de la Casa del Labrador.

Fue entonces cuando se descolgaron los telones, que además estaban muy dañados por las crecidas del río Tajo, especialmente las de los años 1916 y 1924, que alcanzaron alturas de 154 y 121 centímetros, respectivamente, quedando buena parte de esas pinturas anegadas por el agua durante varios días.

70 años apilados en un almacén

Los telones fueron doblados o enrollados y han pasado casi 70 años apilados en los almacenes del Palacio Real de Aranjuez hasta que, gracias a los 7,3 millones de euros que Patrimonio Nacional ha dedicado a la restauración completa de la Casa del Labrador, han podido ser recuperados por expertos de la empresa El Barco.

«Los telones, que son telas pintadas muy grandes, habían sufrido mucho, lo más grave de todo la pulverulencia, cuando el temple se deshidrata y pulveriza», explica la coordinadora de la empresa de restauración, Arancha Aguilar.

La dificultad del trabajo ha consistido en que la pintura al temple es muy delicada y se deteriora fácilmente, sobre todo el contacto con el agua.

Restauradores dan las últimas pinceladas a la colección de telones de finales del siglo XVIII de la Real Casa del Labrador, en Aranjuez.
Restauradores dan las últimas pinceladas a la colección de telones de finales del siglo XVIII de la Real Casa del Labrador, en Aranjuez. EFE/ Fernando Villar

Además, al tratarse de telas tan grandes, han sido guardadas con dobleces, con lo que, al abrirlas de nuevo ha aparecido «totalmente roto, disgregado en pequeñas piezas, en pedacitos pequeños que hemos tenido que encajar de nuevo como un puzle gigante», señala.

Colgarlas de nuevo cada una en la pared para la que fue pintada también ha sido un reto, ya que se conservaban fotos de algunas de las salas, pero con las demás ha habido que tener en cuenta su tamaño y el de cada pared o techo.

El capricho» de Carlos IV

La Casa del Labrador era «el capricho» de Carlos IV, que pasaba las mañanas en sus decenas de pequeñas salas atiborradas de cuadros, esculturas, molduras, brocados y delicadas sedas bordadas que recubren hasta el último centímetro de las paredes, explica Jordán en un recorrido por las salas de la planta alta, que fueron reabiertas a público en octubre de 2025.

Cuenta que el rey Carlos IV se instalaba en Aranjuez de enero a junio y, además de tratar los asuntos del reino, supervisaba personalmente la construcción y decoración de su ‘casita’.

Restauradores dan las últimas pinceladas a la colección de telones de finales del siglo XVIII de la Real Casa del Labrador, en Aranjuez.
Restauradores dan las últimas pinceladas a la colección de telones de finales del siglo XVIII de la Real Casa del Labrador, en Aranjuez. EFE/ Fernando Villar

«Era una casa de recreo, pero no era una residencia. Él dormía y vivía, en el Palacio. Por eso aquí no encontramos dormitorio, ni biblioteca, ni otra serie de estancias propias de una residencia», señala.

Se trata en realidad de un pequeño palacete que el rey utilizaba «para entretener las mañanas».

Después de ir de caza, venía aquí para cocinar, detalla divertido Jordán, quien recita de memoria las palabras de un viajero inglés quien dejó escrito que el monarca guisaba «con sus propias y reales manos, para su propia y real tripa», dice sin poder disimular su orgullo.